El miércoles 20 de julio por la mañana, dentro del curso de verano: Construcciones visuales de identidad, conciencia y autoconciencia de la alta nobleza en la Edad Moderna, tendrá lugar una visita guiada a la ciudad Ducal de Guadalajara, una cita obligada en el recorrido es el recién restaurado Panteón de los Mendoza en El Fuerte San Francisco.
Montserrat Rodriguez Posilio, miembro del grupo de investigación “Mujeres Mendoza” de la UNED y estudiosa del Panteón Ducal nos hace una introducción sobre el Panteón de los Mendoza en el Monasterio de San Francisco.
Antes de iniciar el recorrido por la Guadalajara mendocina y de centrarse en el Panteón familiar, le preguntamos sobre el grupo de investigación “Mujeres Mendoza” y más concretamente en la figura de Brianda de Mendoza.
Pregunta: Próximamente se celebrará el 175 Aniversario de la creación del Instituto de Bachillerato Brianda de Mendoza, por el que hemos pasado miles de guadalajareños, pero seguramente muchos de ellos no saben por qué uno de los institutos más antiguos del país tiene ese nombre, brevemente, ¿qué puede contarnos de Brianda de Mendoza?
Respuesta: Efectivamente, Brianda de Mendoza, como la práctica mayoría de las mujeres de la familia, es una auténtica desconocida; en este caso se da la paradoja de que su nombre, quizá precisamente porque lo lleva el instituto, es muy popular, pero lo más que se sabe de ella (a nivel general, lógicamente) es que fundó un convento.
Sin embargo la labor de Brianda fue mucho más allá de la fundación del convento, para empezar lo que ella creó fue un beaterio y un colegio de doncellas, que tiene unas connotaciones totalmente distintas a las que conlleva la fundación de los conventos, también encargó a Covarrubias la construcción de la iglesia de la Piedad.
Personalmente, considero que Brianda de Mendoza fue una auténtica mecenas, y su obra se sitúa al mismo nivel que la de sus parientes masculinos. Este beaterio se instaló en el palacio que había heredado de su tío, Antonio Mendoza, y años después se transformaría en instituto de segunda enseñanza, el Brianda de Mendoza, que luego fue trasladado para convertirse finalmente en el instituto Caracense.
La ciudad nobiliaria de Guadalajara
Aunque no había aceptado la ciudad en señorío, nos comenta Rodriguez Posilio de camino a la Cripta del Fuerte San Francisco, Diego Hurtado de Mendoza se comportó como Señor de Guadalajara, conformando una especie de “Estado mendocino” compuesto no sólo por una unidad territorial, sino también por una unidad cultural y social.
Al instalarse en Guadalajara, adquirieron casas, propiedades comerciales, molinos, almazaras etc. que dio lugar a que en ella se instalaron todos los órganos del gobierno ducal, y se gestase y dirigiese su proyecto económico.
Pero el Estado mendocino se basaba también en una unidad cultural, a la manera italiana, utilizaron la arquitectura y el urbanismo como una manera de mostrar y afirmar su prestigio.
El Palacio Ducal, donde se constituye una verdadera corte, la Iglesia de Santa María la Mayor (antigua mezquita), la ampliación de la Plaza Mayor y la reconstrucción del Convento de San Francisco destacan como obras más importantes.
San Francisco, el panteón ducal
En 1395 un incendio destruyó casi por completo el Monasterio de San Francisco, don Diego Hurtado de Mendoza decidió reconstruirlo y por ello la familia Mendoza recibió, para todos sus descendientes, el patronato de la capilla mayor que se convirtió en panteón familiar.
Iñigo Lopez de Mendoza, primer marqués de Santillana, impulsó las obras del convento y de la iglesia, terminó la nave e instaló a ambos lados de presbiterio los primeros enterramientos mendocinos: serían sus padres El Almirante y doña María de Castilla.
Diego Hurtado, hijo del marqués y primer duque del Infantado, continuó con la construcción de las capillas del crucero y erigió unos lujosos mausoleos en gótico flamígero para albergar los restos de sus padres; El Gran Cardenal concluiría las obras, amplió la capilla mayor, encargó la sillería del coro y encomendó a Antonio del Rincón la construcción y pintura de un gran retablo.
Doña Ana de Mendoza, construyó en 1625 un nuevo retablo y tras él mando construcción el panteón ducal para acoger los restos de algunos de sus antepasados que ya no cabían en el presbiterio, este primitivo panteón debió coincidir con el actual pudridero.
El actual Panteón, fue mandado construir por Don Juan de Dios de Mendoza y Silva en 1696, que se inicia con la construcción de una impresionante cripta barroca que fue finalizada en 1728.
Con algunas diferencias, es casi una réplica del que Juan Bautista Crescenzi decoró para el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.
Se accede a él desde una puerta que se abre en el presbiterio, en el lado de la Epístola y a través de una escalera que desciende en dos tramos.
La escalera
La escalera está cubierta por una bóveda de medio cañón reforzada con arcos fajones y decorada en mármol rosa, gris y negro, utilizando el negro para remarcar los elementos arquitectónicos tales como arcos, líneas de imposta etc. Este primer tramo de escalera conduce a un pasillo en el que se encuentra la puerta de acceso directo desde la calle; un nuevo tramo de escalera conduce a un pequeño distribuidor que da acceso a dos espacios: el pudridero y la cripta. El pudridero es un lugar oscuro, lúgubre y tenebroso, mientras que la cripta despliega una riqueza y una solemnidad realmente abrumadoras.
El mausoleo
Al entrar en la cripta observamos que hay dos espacios, el mausoleo en sí y una pequeña capilla al fondo de éste, pero lo primero que llama la atención es su planta, una elipse transversal al eje longitudinal que va desde la puerta de entrada hasta la ventana que hay en el fondo de la capilla. Mármoles rosáceos, grises y negros y jaspes rojos son los materiales utilizados para recubrir el mausoleo; tanto las portadas como el pavimento están decorados con motivos geométricos formados por la combinación de los distintos colores del mármol.
La planta elíptica se convierte en octogonal en los muros, gracias a una serie de pilastras que enmarcan los ocho lienzos. Seis de estos lienzos albergan cuatro huecos que dan cabida a otras tantas urnas funerarias talladas en mármol rosáceo y con forma cóncava, las dos restantes, hasta un total de 26, se encuentran encima de la puerta de entrada.
El espacio se cubre con una bóveda rebajada de forma elíptica que arranca directamente del paramento vertical y está profusamente decorada: mármoles rosas y negros forman los nervios que definen ocho gallones y una pequeña elipse central, mientras los plementos correspondientes están profusamente adornados y dorados con una decoración barroca que apunta ya al rococó.
La capilla
Al fondo de la cripta y separada por un arco de ésta, se encuentra una pequeña capilla iluminada por un amplio ventanal; para poder dar luces al conjunto se ha construido en el exterior un pequeño patio inglés (la cripta se encuentra bajo rasante, en un sótano).
La capillita tiene planta cuadrada y está enmarcada por cuatro columnas corintias adosadas a los rincones, que sostienen un friso decorado con ménsulas doradas muy al gusto barroco. El conjunto se cubre con una hermosa cúpula sobre pechinas decorada, como el resto de la capilla, con mármoles que forman dibujos geométricos; la cúpula no está totalmente cerrada, tiene un círculo central a modo de linterna que comunica con el altar mayor del templo.
Para dar luz a la capilla se tuvo que practicar un pequeño patio inglés, pues bien en el exterior del edificio el ventanal que se abre al patio ha sido tratado como si se tratase de una portada, con una decoración en piedra totalmente barroca. Así, el edificio de la iglesia simula tener dos portadas, la de acceso al templo, neogótica y una portada trasera barroca.
Antes de finalizar la visita, no deja de valorarme la importancia del recién creado grupo de investigación “Mujeres Mendoza”, al que considera “muy importante ya que supone no perder la vinculación con la UNED, la Historia y el Arte y me está permitiendo estudiar en una línea de investigación tan interesante como es el de la mujer”
Autor: Pilar Herranz Comunicación UNED-Guadalajara




He leído la entrevista a Montserrat Rodríguez Posilio sobre la noble Brianda de Mendoza y su mecenazgo, y me ha llenado de curiosidad sobre la labor de las mujeres Mendoza en su sociedad, y lo poco que conocemos de sus vidas, eclipsadas por los varones Mendoza.
Gracias a Montse por investigar en este campo oculto y sacarlo a la luz. Espero que me sigas informando sobre este tema de la mujer Brianda de Mendoza y su entorno.